Por las noches, después del trabajo: así funciona este proyecto familiar
Blocks Beyond The Stars no tiene estudio, ni presupuesto, ni fecha límite. Tiene una familia: yo (Marcel) al teclado, Justus (10 años) como implacable probador jefe y fábrica de ideas, y Verena, que mantiene todo con los pies en la tierra. Cómo se hace un juego en estas condiciones: una mirada entre bastidores, en sentido literal.
El ritmo. El desarrollo ocurre por las noches y los fines de semana. Suena a poco tiempo, y lo es, pero impone una disciplina que a veces les falta a proyectos más grandes: cuando solo hay dos horas por noche, construyes primero lo importante. Mientras tanto, más de mil pruebas automáticas se aseguran de que la función del fin de semana no rompa la del martes.
El ciclo. Casi cada versión sigue el mismo patrón: nace una idea (a menudo durante la cena, a menudo de Justus), se construye y luego llega la noche de pruebas: Justus recibe la nueva build, casi siempre sin avisar, y en cuestión de minutos encuentra lo que se les escapó a tres semanas de desarrollo. Sus informes de errores empiezan con «Papá, ¿por qué…?» y son más precisos que muchas entradas de un gestor de incidencias. Luego arreglamos, publicamos, y el devlog cuenta con honestidad lo que encontró un niño.
La apertura. Todo el proyecto es de código abierto y lo seguirá siendo. A estas alturas hay amigos que también lo prueban, nuestra primera colaboradora externa nos regaló una build para Linux, y el proyecto familiar se va convirtiendo poco a poco en un proyecto de familia y comunidad. Justo la dirección que esperamos.
El porqué. No hay plan de negocio. Hay un niño que dice «debería haber fábricas de verdad» y un padre que construye algunas por las noches. Todo lo demás (los servidores, las pruebas, las versiones) es solo la maquinaria para que esa frase acabe en un juego al que cualquiera pueda jugar.
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